Angheluz principe de Aman, hijo del rey Áratar "El Justo", uno de los cuervos mas poderosos del Mul Sabbuth e hijo de la Bella Alcalimë reina elfa de la tierra de Aman, "Señora de las Estrellas".
Angheluz joven de corazón noble, gentil y bondadoso (apodado el Ángel de Dios) vivió pacíficamente durante sus años de mocedad en las tierras de Aman, donde se enamoro perdidamente de la bella Earwen.
Se dedico a estudiar la magia curativa, lleno de bondad en su corazón, procuraba en todo momento crear y brindar paz y amor entre los ciudadanos de su reino, amigo de los Dragones siempre tuvo simpatia por estos seres, sobre todo de un Sabio y viejo dragón llamado Draco.
Un día Aratar envió a Angheluz a Eldanor a traer los anillos de compromiso para la boda entre Earwen y él. Ángheluz acompañado por su fiel amigo Minastir, fueron diligentes a Eldanor pero al volver notaron sucesos extraños.
- Amigo mío - Hablo Angheluz - desde que salimos de Aman, he venido sintiendo una gran angustia, que no me he podido quitar de la cabeza - mientras levantaba la mirada para poder observar a su acompañante, que se hallaba al lado suyo - Es algún tipo de presentimiento que no puedo dejar de sentir.
- Tranquilo Angheluz - respondio Minastir, arqueando una ceja y brindando una gran sonrisa - el estar lejos de tu amada Earwen te trae mal de la cabeza jajaja.
Llegando a los limites del castillo del Reino de Aman, ambos notaron un camino muy desolado, no parecía que hace poco hubiesen pasado por aquel mismo sendero, pues todo se hallaba marchito y sin vida, se hallaba muy polvoso y sombrío.
Minastir descendio de su caballo y tocando el suelo, apreciaba la tierra entre sus dedos.
- ¡Mira! - exclamo Minastir mientras señalaba la senda - el camino esta polvoriento, se ve como si hubiese pasado un ejército por estas tierras camino a una batalla, hasta grandes huellas de ruedas hay muy bien definidas. No creo que lleven más de un día.
- ¿Ejercito?, no lo creo - dijo esto mientras arqueaba las cejas y se llevaba la mano al menton - Aman no tiene enemigos, vive en paz con los demás reinos, tal vez serán los invitados de otros pueblos que vienen para la boda y deben traer grandes regalos - mientras sonrie con preocupación.
Minastir percibe un olor a lo lejos, al levantar la vista, adelanta dos pasos y entrecierra los ojos para poder observar mejor en la distancia.
- Mira Angheluz hay humo...y viene en dirección del pueblo.
Minastir monto su caballo, galopando rápidamente, intentando dar alcanze a Angheluz que se hallaba presuroso en dirección hacia el pueblo. Al llegar a la cima de la colina no pudieron creer lo que sus ojos les mostraban. Angheluz criado en paz por toda su existencia, no podía asimilar aquello observaba, jamás hubiese podido creer que tanta maldad pudiera existir, observó los cuerpos mutilados, regados en partes, descuartizados, tanta sangre derramada de muchos seres inocentes, donde ni mujeres, ni niños habían escapado a tal masacre, el dolor de su corazón era muy grande, su pueblo había sido acribillado sin piedad alguna, por un momento su mente volvió en si.
- ¡El castillo! - Grito horrorizado, corrió rápidamente en dirección al castillo, a pesar de su preocupación, no podía dejar de observar los cuerpos calcinados y descuartizados de los pobladores de su reino, masacrados evidentemente con una gran furia.
Al llegar al castillo pudo apreciar muy claros indicios de una gran batalla, las murallas destruidas y el portón principal roto, pero lo que más le impresionaba era la cantidad de luces y de poder que emanaba el castillo, donde sin lugar a dudas era el epicentro de una gran batalla.
Al llegar al jardín principal observo a todas las flores hermosas en su momento estaban completamente marchitas y secas como si no hubiesen sido regadas en años, las paredes llenas de sangre y sombrías donde habían sido escritas con blasfemias y muchas otras palabras y signos en algún idioma que él no llegaba comprender.
Doce pasos mas adelante distinguió de entre todos los cuerpos uno en especial. Era el de su amada Earwen, corrió hacia ella la tomó en sus brazos, ella aún respiraba.
Intento reanimarla, uso todo el poder de curación que sabia, más se dio cuenta que era demasiando tarde, no lograría salvarla. De ser posible hubiese dado su vida por ella, pero el destino ya tenia las cartas echadas.
Ella despertó, lo miro con aquellos ojos azules que el tanto amaba. La expresión de su rostro era tan hermosa que él jamás la olvidaría, le sonrió.
- Amor Mío - Le dijo esforzando la voz - los dioses demandan mi presencia, han decidido que sea hoy el día de mi partida, pero antes de irme debía verte una vez más, por eso me aferre a esta pocas energias, por eso trate de contener el aliento, para no malgastarlo en vano. Sabía que llegarias.
Con los Ojos llenos de Lágrimas y la voz quebrada.
- No hables más amor mío. Tú no iras a ningún lado sin mí - mientras golpeaba el suelo con el puño derecho - ni los dioses son capaces de separarnos. Guarda energías para que puedas recuperarte.
Pero él sabia muy bien que aquel cuerpo mortal estaba destinado a morir, que no podría vencer a la muerte así tuviese la fuerza de cien hombres, sabia bien que tendría que dejarla partir.
- Nunca has sido bueno mintiendo- le respondio - Tenía que verte una vez más y decirte cuanto te Amo, que aun después de la muerte te seguiré amando y mas allá, en la eternidad recordare tu nombre. El destino nos separa mas confío en volverte a ver pronto, mas no es mi deseo que seas tu quien vaya a mi encuentro, sino sea yo quien vuelva a ti.
Dicho esto él la miro tiernamente, era la mujer más hermosa que podría encontrar. Fue un regalo de Dios, una Bendición, pero ahora aquel regalo se lo arrebataban, aquel hombre una vez bendecido parecía ahora haber sido maldecido y destinado a perder todo aquello que el amaba.
La miro y ella sonrío, la beso tiernamente, se perdió en un largo y tierno beso, se aparto y ella sonrió nuevamente, lo miro a los ojos y con un:
- ¡Te amo! - expiro…
- ¡Noooooooooo! – Gritó, no sabia el porque ni contra quien pero se juro que la vengaría. Su corazón hasta ese momento completamente puro, se fue llenando de ira, una ira que no podría controlar.
Avanzó camino hacia el salón principal. Al cruzar el primer portón distinguió que los cuerpos esta vez no habían sido solo destrozados por guerreros sino por uso de la magia negra, de aquella que había oído hablar mas nunca pudo ver hasta ese momento. Desde el fondo salieron ocho guerreros grandes y fuertes, con las espadas ensangrentadas en las manos, avanzaron ferozmente en dirección a él.
El rápidamente uso lo poco de que sabia de magia de defensa, pues siempre fue de la creencia que no necesitaría atacar nunca, que nunca seria capaz de usar magia de ataque en algún otro ser vivo o de defensa pues no pelearia y creo tres golems que lo protegerían (aquellos golems eran de defensa no de ataque que apesar de su gran tamaño y apariencia eran muy débiles). Los guerreros trataron de pasar la barrera puesta por los golems, vieron que les seria difícil el pase, pues los golems se interponían a cada movimiento, ellos eran rápidos y ágiles pero los golems los superaban aunque no por mucho.
Uno de ellos con gran astucia salto por encima de ellos y logro pasar aquella barrera, al estar frente a Angheluz se avalanzó contra él, apuntando el filo de su espada a su cuerpo, el ágilmente lo esquivo, el guerrero al verse indefenso trato de hacer un movimiento rápido para volver al ataque, pero la inercia lo obligo a caer y el mismo incrustarse con su espada.
Otro más logró esquivar el cerco que los golems habían hecho, este enfrentó una vez más a Angheluz.
Mientras tanto otro guerrero ataco a un golem, un golpe directo al mismo pecho, que lo hizo retroceder y tropezar con el cuerpo del primer guerrero muerto, al caer lo hizo encima de el guerrero que se hallaba frente a Angheluz, matándolo en el acto por el peso , el golem también fue roto en mil pedazos.
En ese momento los guerreros se dan cuenta, que los golem a pesar de su gran forma no son nada poderosos y los empezaron a atacar sin piedad
Ahora Angheluz sin defensa se enfrenta a Seis guerreros. Fueron dos los que se avalanzaron contra él. Éste logra esquivar hábilmente al primero pero se da cuenta que no podrá esquivar al segundo.Ve la hoja de la espada acercarse cada vez más, logra escuchar el silbito desgarrador de aquella hoja cortando el viento en dirección a su Corazón. La hoja casi a tocado su pecho, casi ha desgarrado su ropa, cuando de pronto aparece Minastir su fiel amigo y también un excelente guerrero.
De sólo dos movimientos ágiles como una brisa, como si su espada fuese llevada por el viento Minastir elimina a aquellos dos guerreros.
- Ustedes Guerreros del infierno - Hablo mientras miraba fijamente a los restantes- como se han atrevido a derramar la sangre del pueblo de Aman. Ahora pagaran caro por todo el mal que han causado. Mi espada llora por obtener su sangre, y lograre mi mayor anhelo... ¡Haré justicia!
Terminado de decir esto, con una velocidad impresionante Minastir se avalanza en ataque.
Fue solo cuestión de segundos para que los que quedaban cayeran muertos al suelo.
Angheluz completamente consternado, se hallaba aún en el suelo cuando es ayudado por Minastir a levantarse.
- Levántate Hermano, apóyate en mí -le dice mientras éste se agacha a ayudarlo a ponerse en pie.
De pronto un rayo fulminante atraviesa el Hombro de Minastir, es ahora aquel guerrero quien cae al suelo, mientras un ser oscuro recita estas palabras.
- Como te has atrevido a matar a mis más fuertes guerreros. Escúchalo bien gusano insignificante, yo soy Ghrendhel discípulo del Gran Lord Thanatos, quien ahora se encuentra luchando con el Rey Aratar en el salón principal, ahora no te entrometas y muere.
Intentando levantarse, dijo mirando Fijamente a Angheluz
- Huye hermano, yo lo detendré.
Intenta dar un paso cuando otro rayo atraviesa el cuerpo de Minastir, este cae nuevamente. Pero su corazón de guerrero lo obliga a ponerse de pie en intentar devolver los golpes. Al estar de pie se pone en posición de ataque.
- Aun tienes fuerza para pararte gusano, pues será el último esfuerzo que haga por ti.
Dicho esto vuelve a enviar un potente rayo que esta vez atraviesa el pecho de Minastir, atravesandole el corazón.
Angheluz ve como a Minastir se le va la vida sin poder hacer nada. Ya no ve una mirada calida en los ojos de su amigo, sino solo unos ojos vacíos sin expresión alguna. Ahora Ghrendhel lanza un rayo contra Angheluz, que aún se hallaba completamente consternado, este sin pensar levanta la mano y anula el rayo lanzado.
Angheluz poco a poco es dominado por la ira, el haber tenido que decir adiós a su amada, verla morir y ahora también tener que ver morir a su mejor amigo lo tienen cegado, poco a poco, en Ángheluz se da una transformación interna. Avanza en completa inconsciencia y sin saber como lanza un gran rayo que fulmina por completo a Ghrendhel.
- Ahora tu escuchame - hablo Angheluz mientras enviaba aquel rayo - que yo soy Angheluz reencarnación del Bien que estoy aquí para erradicar la maldad pura y Tú, tu amo y todos vuestros seguidores he de destruirlos.
Dicho esto Angheluz cae al suelo, mira el cuerpo de Minastir inerte.
No puede creer las palabras que ha dicho, a sido él y a la vez no, quien ha hablado, pero en su corazón continua la ira, se reincorpora y avanza.
Avanza unos metros, pero se detiene, una sandalia tirada llama su atención, observa a todos lados buscando, intentando encontrar algo perdido, de Pronto bajo unos escombros logra distinguir aquello que buscaba, avanza a donde sus ojos se hallan postrados, levanta aquello que aplastaba su objetivo y logra reconocer otros dos cuerpos.
Su madre y su pequeño hermano Gramont, se hallaban atrapados, muertos en una macabra y enternecedora escena pues ella los rodea con sus brazos intentando protegerlo, abrazandolo con todas sus fuerzas buscando protegerlo.
Angheluz no puede mas, la ira lo domina por completo, esta vez corre. Por el pasillo se cruza con doce guerreros, ellos lo ven y empuñan sus espadas mientras en sus rostros las miradas de satisfacción al ver a una nueva victima es dibujada, desean avanzar pero no pueden, han sido paralizados con la sola mirada de Angheluz.
Dos movimientos y estos guerreros son destrozados, siendo regados por todo el pasillo.
Angheluz poseído por la Ira ya no es el pacífico ser apodado "El Ángel de Dios", aquel a muerto para que pueda nacer nuevamente, para poder nacer "El Ángel vengador".
Todo a cambiado en él, dentro y fuera, el color de sus ojos una vez verdes ahora son azules como el manto de la noche, el color de sus cabellos negros se han transformados en rubios. Angheluz a despertado un poder que no conocía y que sabe que no podrá dominar sin dolor.
Avanza hacia el salón principal, esta en la puerta, la empuja con fuerza. Al abrirla ve a Dos hombres y grandes destellos, uno rodeado de una penumbra oscura como si las almas de todos los demonios del mismo infierno lo rodearan y le dieran tan colozal fuerza. El otro se haya rodeado de una aura blanca que emana tranquilidad y paz, honor y Gallardia.
De pronto divisa que su padre ya no puede continuar que esta muy cansado por lo cual decide atacar y manda un rayo contra aquel ser de aquella aura negra y fantasmal, su hechizo logra atravezar toda aquella espeza niebla oscura, y le da en pleno pecho, lo ha herido. Este retrocede y la pelea cesa.
Ambos magos están asombrados que un tercero tenga tal poder de atravezar el campo de defensa de Lord Thanatos. Este se reincorpora, a Aratar ya no le restan muchas fuerzas. Se crea un aura aún mas fuerte alrededor de aquel ser oscuro.
Angheluz decide atacar nuevamente, concentra poder, intenta reunir mas poder, de pronto los recuerdos vienen a su mente, toda aquella muerte y destrucción, y ni siquiera un porque. Angheluz desea atacar, desea dañar a aquel que le ha hecho tanto mal, pero no puede, el poder sigue en sus manos y va en aumento, desea enviar ese poder... ¡no puede! , ¡no lo domina!, si lo domino antes fue por la ira que tenia y lo había dominado a él, ahora no sabe que hacer, el poder es inmenso. Si no hace algo sabe que pronto estallara.
Aratar sabiendo la inexperiencia de su hijo y también el gran poder que se va a desplegar, se acerca a su hijo, sabe que si estalla el cuerpo de Angheluz será reducido a cenizas.
Cada segundo que pasa es más peligroso, el fin de Angheluz esta tan cerca. Pero él no lo entiende, no se explica, las dudas lo asaltan. Aratar se pone frente a su hijo, lo observa con los ojos llenos de ternura y amor de padre.
- Nada de esto es tu culpa, no tengas remordimientos, ni te atormentes con ello - le dice - Te amo hijo mío y estoy muy orgulloso de ti. Siempre lo estaré
Ángheluz no lo entiende, sus manos están ardiendole por el increíble poder que emanan. Aratar toma por los brazos a Angheluz.
En ese momento él entiende que va a suceder, intenta resistirse, pero no puede. Su cuerpo se encuentra ya cansado, las energias lo han abandonado pues todas se hayan en las palmas de sus manos, apenas y puede mantenerse en pie.
Aratar pone las palmas de Angheluz sobre su pecho, es ahí cuando entonces, se produce aquella explosión y el cuerpo de Aratar es reducido a cenizas.
Ángheluz es arrojado muchos metros atrás, a una gran distancia, se golpea estrepitosamente.
Ángheluz no lo puede creer, uso un poder que no conocía. Dominado por la ira más no por la razón, quiso vengar a sus seres queridos, quiso desatar su ira, pero solo consiguió, eliminar sin querer a su propio padre…
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