miércoles, 21 de octubre de 2009

Dolorosos Recuerdos

Recuerdo que alguna vez en mi mente y alma solo existían la paz y el amor hacia mis prójimos, recuerdo el olor de la hierba fresca y las flores que crecían en armonía y contraste con la calma de la brisa del viento que otorgaba mi jardín, el amor de mis padres y a mi Earwen... ¡OH si! era mi Diosa, la musa de mi inspiración, mi razón de existir, estábamos destinados a casarnos y a ser felices por toda la eternidad. Pero ahora todo aquello no son más que recuerdos. Ahora en mi mente solo esta el dolor y el sufrimiento que tuvieron que soportar aquellos que tanto amaba, en mi mente esta el pesar de haber matado… ¡a mi propio padre!

Ahora estoy aquí en la entrada del Mundo del Mul Sabbuth buscando aquello por lo que luchan estos seres, una extraña pluma que me ayudara a encontrar mi venganza, ahora debo ser fuerte pues muchas batallas me esperan en este mundo ruin. Se que no descansaré ni aun muerto hasta lograr mi cometido, en mi mente solo tengo algo claro, y es que debo lograr mi venganza. Earwen amor mío, Minastir amigo mío, Aratar, ¡padreeeee! ¡Los vengare! Así sea en mi vida o tras mi muerte.


A lo lejos un hombre esbelto grita su nombre, sacando al semielfo de sus pensamientos.

- ¡Angheluz! - Grita el hombre con la cara de pocos amigos - despierta muchacho, que no tengo todo el maldito día.

viernes, 2 de octubre de 2009

Las Inhóspitas Tierras del Mul Sabbut

Los Golpes de los Tambores de guerra estremecían los oídos de los seres que habitaban dichas infortunadas e inhóspitas tierras, después de haber soportado mil calamidades, la sequía, el yugo que exigía la convivencia en las tierras del Dragón, los bárbaros saqueadores, inmorales, violadores, el clima tan voluble, no optimo para la cosecha y las innumerables peripecias que se soportaba en el día a día, ahora empezaba el tiempo de los Torneos de Magos, épocas de sangre y dolor, miseria y barbarie, mucho mas brutales de las acostumbradas.

- ¿Porque no emigramos? - le pregunta lleno de rabia un joven a su padre - ¿Porque no nos vamos de una vez por todas de estas malditas tierras, cogemos la poca familia que nos queda, los escasos rebaños y las miserables posesiones que aun nos pertenece, y nos largamos, en ves de tener que soportar toda la maldad de quien se le antoje venir y arrebatarnos lo que es nuestro?

El padre le observa con los ojos vidriosos, la perdida de su mayor hija fue dolorosa pero ahora pareciese que le hubiesen tocado una herida mucho más profunda.

- Hijo – responde – Las tierras del Mul Sabbut, son las tierras del castigo, al cual hemos sigo confinados muchos, pecados de nuestros ancestros nos son trasferidos como cargas imperdibles, pecados por codicia, lujuria, busqueda de poder y muchos más nos son delegados y són cargas ineludibles y obligatorias, nuestro captor es el Dragón sin nombre, muchas veces hemos intentado escapar, pero nuestros esfuerzos siempre han resultado en vano.

- ¿Entonces? – pregunta el muchacho – ¿No hay escape?, ¿no hay ninguna esperanza?.

- Si la hay hijo mío - respopnde el padre intentando dar calma y esperanzas al muchacho - nuestra única esperanza, es que el Dragón sin Nombre Caiga, sea derrotado.

- Pero – interrumpe el muchacho – ¿existirá alguna vez algún ser tan poderoso, que logre realizar eso?

- No lo sé – responde el padre – Yo sueño con ello, y espero que si alguna vez el Dragón es Derrotado, aquel victorioso no sea más malvado que el Dragón mismo.

El muchacho le observa y acepta su destino, destino marcado a la esperanza de la llegada de algún ser, que logre derrotar al Inmundo, pero este cambie las cosas para bien…